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Palabras desde Sudáfrica para 43 estudiantes mexicanos

Hace algunos años tomé un curso con Antjie Krog en Buenos Aires. Yo era muy tímido en ese entonces, ella mucho más. Seguro lo sigue siendo. Nunca llegamos a tener un verdadero vinculo, pero sí una complicidad a través muecas y silencios. Su voz era suave, casi contenida, pero su pluma, potente. Al despedirnos, después de semanas de trabajo, me dijo simplemente: “Tú muy bien.”Guardé esa frase como una chispa de confianza, una pequeña certeza de algo que aún sigo sin saber qué es...


Poco después me atreví a pedirle una entrevista vía mail. No sé si fue buena o mala. Pero só honesta. Tenía en mente a Ayotzinapa, a los 43 estudiantes desaparecidos, a sus madres y padres en búsqueda interminable. Le envié mis preguntas, inseguro, y ella respondió con la misma contundencia que caracteriza su escritura. Años después, vuelvo a esas preguntas inocentes y demasiado obvias. Las comparto aquí, en forma de diálogo entre la memoria, la traducción y la quizás la vigencia de sus ideas.


1. ¿Por qué perdonar a quienes causaron tanto dolor?

Escuchar es un buen primer paso, suele decirse. Pero en México ocurre lo peor: ¿qué pasa si nunca sabemos quién causó ese dolor porque el Estado no quiere la verdad? ¿Es posible alcanzar la verdad más allá de nuestro propio Estado?


“No es posible. El Estado debe estar dispuesto a instituir una comisión o tribunales. Las organizaciones de derechos humanos y las cortes internacionales de derechos humanos se vuelven la única opción.”


2. La literatura puede liberar, de algún modo construir identidad. Pero también puede cargar con un peso enorme. Octavio Paz escribió en El laberinto de la soledad: “La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el fulgor de la victoria, nos conmueve el temple de la adversidad.”¿Qué puede liberarnos de nuestra propia literatura?


“Escribir las múltiples verdades.”


3. Cuando alguien pierde a su esposa o esposo se le llama viudo o viuda; cuando alguien pierde a sus padres, huérfano. Pero cuando alguien pierde a un hijo, no hay palabra. Cristina Bautista es madre de Benjamín Ascencio Bautista, uno de los 43 estudiantes desaparecidos en Guerrero. Desde entonces no ha dejado de buscarlo. Ayer llegó a Buenos Aires. Busca esperanza. Para ella, Las Madres de Plaza de Mayo son un faro. ¿Crees que la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica tendría algo que decirle a ella y a las otras 42 madres?


“En Sudáfrica, algunas madres fueron asistidas por los perpetradores para encontrar los restos o la verdad sobre sus hijos. A cambio, esos perpetradores recibieron amnistía.”


4. Ayotzinapa es uno de los tantos pueblos de México donde se habla una de las 54 lenguas originarias. Ahí no se cree únicamente en el progreso: se trabaja por la comunidad, no por intereses individuales. Cada día se lucha por el reconocimiento y el respeto. Como en Sudáfrica, han sufrido las consecuencias de resistirse a la ‘civilización’ y a la ‘modernidad’.Michel de Certeau escribió sobre esto: los estrategas son los poderosos; las tácticas, en cambio, pertenecen a los no poderosos, a quienes se adaptan, resisten y sobreviven en la vida cotidiana.¿Será la táctica el único camino que nos quede para sobrevivir?


“¿Recuerdas que hablamos en clase de la transculturación? Búscalo. Significa que uno se adapta a lo dominante tomando de ahí lo que necesita, lo transforma y lo usa en su propio beneficio, incluso contra lo dominante. Significa conservar agencia: relacionarse con lo dominante, pero en los propios términos. Aferrarse al pasado solo porque es pasado es problemático, porque la vida cambia todo el tiempo. Y en los viejos tiempos también cambiaba mucho.”




En esas respuestas, duras y breves, Antjie Krog dejó la huella de una ética incómoda: la verdad como condición necesaria, la escritura como multiplicación de voces, la memoria como táctica y resistencia.

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Hoy releo ese correo como quien abre un archivo íntimo. Entre la timidez de mis preguntas y la contundencia de sus frases, queda la certeza de que todavía hay que seguir escribiendo “las muchas verdades”.

 
 
 

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